-Ven acércate,
siéntate al lado mío.
Ahora que miro
sus ojos esa intriga e inseguridad me plantean un problema que no había tenido
en cuenta. ¿Cómo empiezo a hablarle? Puedo utilizar una voz suave, ser gentil y
dejarme llevar por la narración; o quizá pueda personificarme con la
experiencia de los años con un tono grave y sentencioso. Aunque me estoy dando
cuenta que este retraso va promoviendo un cambio en su rostro, veo que el miedo
se acentúa. Debo reconocer que esta no era mi intención pero es inevitable ese
escalofrió de placer que me recorre la espina. No pensé que este momento sería
así, me imagine en una postura más segura capaz de controlar la situación. Observe
al otro varias veces y era sencillo. El se acercaba, planteaba el asunto y mal
o bien la persona comprendía. ¿Qué puedo estar haciendo mal? ¿Acaso la frase
que utilice para entablar la conversación no fue la correcta? ¡Claro que fue la
incorrecta! ¿Como puede acercarse? ¡Si esta postrado! Creo que tendría que
decir algo, ya no me gusta como me mira…
-Hijo mío, me
acerco en este día fatídico, para darte la extremaunción.
Me parece que
eso tampoco estuvo bien.
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