Querido amigo:
Me tomo un tiempo sentarme para escribirte. Debo decirte que
no fue por falta de entusiasmo. Es muy bello aquí donde me encuentro y me lleva
mucho tiempo explorarlo todo. Tengo tanto que contarte, me resulta difícil
ordenar todo en mi cabeza, pero creo que de una u otra manera tengo que
comenzar.
Empezare por decirte que el viaje aquí fue de lo más
placentero, una realidad que no esperaba, ya que bien sabes que no soy amigo de
las alturas, y por lo tanto el desenlace fue una sorpresa para mi.
Las instalaciones del sitio donde me hospedo son sumamente
confortables, aunque lamentablemente no conseguí un cuarto privado. Mi
compañero es bastante reservado y no suele estar mucho en la habitación, lo
cual hace que no hayamos hablado demasiado, pero las ocasiones en las cuales
nos encontramos ambos fuimos sumamente cordiales.
La habitación tiene una vista panorámica que sería la
envidia de un rey, se encuentra en un piso bastante elevado, y desde aquí
pueden verse las montañas que rodean el lugar.
El señor que maneja este sitio parece ser bastante amable,
hasta ahora se ocupo de satisfacer todas mis necesidades en un tiempo, debo
decirte, excelente.
He dedicado todas las tardes a recorrer las zonas aledañas y
he encontrado en los lugareños a las criaturas más maravillosas que te puedas
imaginar.
Debo decirte que nunca me sentí tan como en casa como lo hago
ahora. Es una sensación de alegría absoluta, y es por eso amigo mío que te
escribo, para poder compartirla contigo.
Esperando que muy pronto me puedas acompañar,
Te dejo mi más sincero afecto,
Edgard
Pd: te recomiendo que no empaques la ropa de invierno porque
este lugar es extremadamente caluroso, creo que es su único defecto. Y no te preocupes por el vuelo, ya que no es
necesario para llegar al averno (aquí les gusta llamarlo así).
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