Estuve un rato
largo observando las chispas, las llamas de distintos tonos.
Se que el
también lo hacía.
Sentía que me
miraba de reojo, aunque nunca dejaba de comer.
No se bien en
que momento de la noche llegó.
Pero ahora estaba
ahí, y lamentablemente tanto el como yo estábamos despiertos.
La realidad es
que ella nunca me importó, y verla a unos pasos muerta me sugería una cierta
incomodidad, como si ese estado no tardara en llegarme.
Se que el se
daba cuenta…
Y en ese momento
giró y me miró de frente, era como si pudiera leerle la mirada.
Ahora es mi
turno.
De pronto pasó
por mi lado y me sonrió.
Si, el maldito
lobo me sonrió y se fue.
Y yo me quedé al
lado del fuego y de la muerta, y sentí…
Bueno, la
realidad es que ella nunca me importó.
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